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 Foto: Secretaría de Cultura, Alcadía de Medellín

 

Tal vez le ha ocurrido que cuando su hijo le desobedece no sabe cómo reaccionar. Hay situaciones que se salen de control, y manda una palmada. Se acuerda que a usted también se la dieron sus papás.

En algunos casos, la agresión física es la solución más rápida que se encuentra para lograr que los menores de edad modifiquen sus comportamientos, pero no significa que esté bien. Incluso si en algún momento culturalmente fue aceptado,se debe optar por un correctivo que contribuya con la educación, los modales y la manera de conectarse con la sociedad.

David Andrés Montoya, docente en psicología de la Universidad de San Buenaventura y UPB, dice que los seres humanos no entienden las agresiones como un castigo para la no repetición de cierto tipo de comportamientos, por el contrario asumen una conducta defensiva. Explica que los golpes jamás son recomendados y que se debe generar razonamiento frente a las situaciones que se presentan.

Por su parte Juan Diego Tobón, psicólogo clínico, añade que desde un punto de vista psicosocial lo único que se genera al maltratar físicamente es miedo y que este hecho lo replicará el chico en su adultez debido a que no se crean estructuras psicológicas lo suficientemente sólidas.

Eso de ser asertivo

El amor, la escucha, la comunicación abierta y el acompañamiento son características que permiten mayor eficacia al momento de corregir a los hijos, dicen los especialistas.

Se debe entender en primer lugar que ellos desde edad muy temprana comprenden mensajes, incluso de alta complejidad. Ricardo Andrade Rodríguez, experto en psicología educativa e infantil, menciona que se deben brindar explicaciones específicas. De este modo las actuaciones se transformarán de manera eficaz.

Además, señala que unirse emocionalmente es fundamental, porque durante la niñez, al momento de ser castigados, se cree más en el adulto que ha estado presente en los juegos, en el proceso educativo, ese que le lee un cuento antes de dormir y propicia acompañamiento en los momentos de descanso.

Si es una persona que la mayoría de tiempo está ocupada y poco le pregunta a su hijo cómo se siente, probablemente al momento de querer dialogar sobre un acto indebido el niño no escuche o haga caso omiso.

“La crianza es un proceso largo que implica lógicas familiares como el cruce de sentimientos”, dice Andrade.

¿Castigar?

La consistencia es otro factor a tener en cuenta antes de castigar, pues de nada sirve prohibir algo si luego se va a realizar una acción parecida. Quitar un videojuego durante temporada escolar para que realice tareas y en vacaciones permitírselo tampoco es recomendable, ya que esto provoca confusión. Ricardo dice que la norma siempre debe ser sistemática y permanente, si no ocurre probablemente se volverá a incurrir en lo mismo.

Desde otra perspectiva, David Montoya indica que ante un acto que debe ser corregido, el mejor estilo para adoptar es el democrático. Precisa que es necesario escuchar el por qué se actuó de determinada forma para saber reaccionar. Tampoco se puede ser permisivo ni autoritario, superprotector ni despreocupado, ya que se debe velar por la búsqueda de independencia con un acompañamiento adecuado.

Por otro lado recomienda no dejar pasar demasiado tiempo para imponer una corrección, entre más rápido habrá mayor asimilación. Menciona que una forma adecuada es prohibir actividades por un tiempo determinado para que comprenda que debe cambiar su manera de actuar.

Según los expertos, ponerse a la altura del pequeño, escucharlo, preguntarle el por qué, darle razones por las que son castigados y ser amorosos ayuda a enfrentar situaciones que parecen salirse de control.

 

Fuente: El Colombiano